Actualizada el Jueves, 26 Febrero, 2015 12:52
   
TREN   HACIA   EL   FUTURO

Por Jesús Garrido del Pozo:

Permitidme que me presente: soy Jesús, el mayor de nueve hermanos, cinco de ellos alumnos de las UU.LL, los cuatro varones y la hermana pequeña. Tengo tres hijos maravillosos ya en la cuarentena, tres nueras que no desmerecen y siete nietos, de los cuales a vosotros, abuelos, ni hace falta que os hable, y lo mejor de mi vida: mi mujer, Mª del Pilar, con la que llevo felizmente casado cuarenta y cinco maravillosos años. He trabajado cuarenta años en una fábrica de automóviles en Ávila, Nissan, antes Motor Ibérica, antes FADISA, ya sabéis cómo funciona la globalización.

Conservo muchos y buenos recuerdos de mi paso por la U.L.C. En el curso 63-64, a causa de nuestra especialidad, eléctricos, nos trasladaron a la de Tarragona. Lo mejor de este trauma. Los amigos que me llevé y con los que di la nota en Tarragona: Polito, Pediguero, Jacinto, Rafael, Ángel, Felipe, Miguel…. Y los que es mejor: mis amigos que nunca dejaron de serlo, a pesar de la separación: Iñaki, Miguel, Pedro, Hernández Garrido…
Atesoro recuerdos gratos,  los aromas del campo andaluz, el azahar, el algodón, las granadas, los higos chumbos que en otoño y primavera pregonaban lo lejos que estaba de mi casa, así como el inmenso vergel que nos rodeaba.

Resulta imposible elegir entre tantos y tantos recuerdos, pero, para acortar, empezaré por el principio. Un día de septiembre de 1960, con apenas quince añitos, me montaron en un tren especial, solo alumnos y monitores, con destino a  Córdoba. Yo poco o nada me había alejado de mi terruño, y todo era nuevo para mí, si bien, increíblemente, no padecía ni miedo ni tristeza, apenas permanecí pegado al cristal de aquel vagón viejo de “tercerola”, asombrado por cuanto desfilaba ante mis ojos. Los paisajes de la Mancha vislumbrados a través de la pálida luz de una noche de luna casi plena. No alcancé a pegar ojo.

Ignoro cuántas horas invertimos aunque no se me hizo nada largo. Mi cuerpo permanecía ausente, pero en mi  interior nacía la firme convicción de que había tomado el tren que me llevaría a un futuro mejor. Dada la pobreza de mi tierra y el hecho de pertenecer a una familia tan fecunda en prole como escasa en recursos, sabía que esa era mi oportunidad, y a fe que lo fue.

Al amanecer el tren se detuvo en un descampado, justo enfrente de  la ULC. Y bajamos, mejor diría saltamos al arcén, con bártulos desperdigados entre un barullo descomunal, inmersos en un alboroto y griterío del cual me maravillo cómo alcanzamos a salir para dirigimos campo a través a nuestros colegios.

La mañana que siguió fue extraordinaria: todo era grande, incluso inmenso, un tráfago de instrucciones, alboroto, voces, risas: los espacios, los patios, los colegios delimitando un rectángulo cerrado por la Iglesia, que a mí se me antojó una Catedral futurista; y el paraninfo con sus murales  y el teatro  y… todo acababa de empezar. Lo siguiente fue que nos llevaron a los sótanos al almacén de vestuario. Con os brazos extendidos, desfilé por unos puestos donde me colmaron de ropa, pantalones, niquis, chaquetillas, camisetas, calzoncillos, calcetines y toallas, así como un abrigo de algodón blanco, que algunos dijeron que era un albornoz (s.c). Y todo sin pedirlo, gratis, y tenía ropa para diario y para festivos y zapatos de vestir, y chándal (¿?), y ropa para el deporte y… y luego a la habitación, a colocarlos en un armario para mi solito; y mi cama y… lavabos enormes, duchas, hilo musical.
La visita posterior de exploración con mis primeros contactos por los campos de deportes, la pista de atletismo, la piscina cubierta, los jardines y el campo, me confirmó que ya estaba en el FUTURO…

Temo que hubo momentos duros y malos, pero nos los recuerdo…bueno, si acaso el calor de Junio, que nos obligaba a estudiar en las duchas de los sótanos, o las gotas de sudor cayendo sobre los dibujos de descriptiva, los exámenes en la Escuela Oficial de Peritos, mientras el reloj de las Tendillas repiqueteaba su melodía de guitarra, y de desgranaban horas y horas…

Lo que sí evoco con particular viveza es el compañerismo, la sana competencia, los campeonatos deportivos, en especial el atletismo: ¡Corre Víctor, corre Víctor…que te coge Palomares…! ,las noches de música en el patio, con la guitarra de Morales  y la armónica de…¡Ay! No recuerdo el nombre, pero era genial.

Lo que sí es seguro es que gracias a esta beca de las Mutualidades Laborales, a la U.L.C. y en especial a todos vosotros, mis compañeros y amigos, yo albergo al completa certeza de que tomé el TREN HACIA EL FUTURO, no sólo el mío sino el de toda mi familia.

Un fuerte abrazo a todos.

 

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